miércoles, 2 de diciembre de 2015

Considerantia


Como un lienzo sin pintar, empiezo a escribir estas palabras sobre una hoja en blanco Word. No sé si serán un sinsentido o si servirán para algo. Quizás transciendan y sean importantes para alguien, quizás caigan en saco roto, como se suele decir, y pasen totalmente desapercibidas.
Tú, seas quien seas…te explicaré algo.

Cuenta las veces respiras, inspiras o espiras. 
Cuenta las veces que parpadeas al día. 
Cuenta los latidos de tu corazón. 
Cuenta las veces que dices “adiós”, o las que dices “hola”. 
Cuenta los pasos que das o las veces que abres y cierras la puerta de tu casa.
Cuenta las veces que abres tu caja favorita. 
Cuenta las veces que sonríes al mirar “esa” foto. 
Cuenta las veces que abrazas a alguien; cuenta las que lloras por él.
Cuenta las veces que crees que se ha roto tu corazón. 
Cuenta las veces que has sentido un dolor en el pecho. 
Cuenta las veces que pensabas que no volverías a abrir los ojos, o las que… lo hubieses deseado.
Cuenta las veces que alguien te ha hecho daño. 
Cuenta las veces que creías que ya no sentías latido alguno.
Cuenta las veces que te has enamorado. 
Cuenta las veces que has llorado por un amor. 
Cuenta las veces que has escrito poesía o prosa. 
Cuenta las líneas que iban dedicadas a esa persona. 
Cuenta las páginas que has roto. 
Cuenta las hojas de papel que has mojado con tus lágrimas.
Cuenta los segundos que pasan antes de que te decidas a decirle “hola”. 
Cuenta cuantas veces has entrado en facebook esperando un mensaje suyo.
Cuenta cuantos amores has tenido en tu vida. No. Rectifico. He querido decir amores verdaderos, amores que te parecieron totalmente sinceros y desinteresados. ¿La respuesta es ninguno? Bueno, has sido una persona honesta y realista, eso está bien.
Cuenta cuantas personas te han dicho “te quiero” en tu vida. ¿Incontables? Vaya, eres una persona afortunada.
Ahora…cuenta a cuantas personas le has dicho tú “te quiero”. Pero lo pondré más difícil: a las personas a las que has llegado a amar de una manera tan intensa que te ha dolido físicamente. ¿Difícil, verdad?

Si te parece que las cuentas que te he propuesto antes son totalmente inverosímiles, idiotas o inútiles, te equivocas.
Tal vez si reflexionas sobre cuántas veces inspiras o espiras, podrás darte cuenta de los momentos que te dejan sin aliento. Tal vez si miras cuantas veces parpadeas al día, podrás tener una idea de la cantidad de cosas que te estás perdiendo.Quizás si prestas atención a tus latidos, podrás darte cuenta de que hay cosas que son capaces de subirte las pulsaciones...y no eras consciente de ello.

Si cuentas las veces que dices “adiós”, o las que dices “hola”, podrás saber cuándo estás despidiendo a alguien que puede que no vuelvas a ver en tu vida, o cuando estás invitando a otro alguien a formar parte de ella.

Si cuentas los pasos que das o las veces que abres y cierras la puerta de tu casa, podrás hacerte una idea de las veces que sales de tu casa y dejas en ella a las personas que te quieren y que estarán deseando que vuelvas cuanto antes.

Al contar las veces que abres tu caja favorita, te darás cuenta que son muchas más de las que imaginas, pues hay veces que nos esperamos encontrar a nosotros mismos dentro de ella, por muy inverosímil que parezca. Si piensas en las veces que sonríes al mirar “esa” foto, verás cómo también son mucho más de las que imaginas. Es mucho más especial de lo que creías, y aunque muchas veces hayas pensado en romperla, sabes que no lo harás, significa demasiado para ti.
 
Tal vez si cuentas las veces que abrazas a alguien, coincida con la pasión, intensidad y cariño que pones en sus acciones y sentimientos. De la misma manera que si te fijas en las veces que lloras.

Contar las veces que se ha roto tu corazón te enseñará muchas cosas. Un corazón no se puede romper, estaríamos muertos, por supuesto, seamos realistas. Pero en el sentido figurado de la palabra, un corazón se puede hacer pedazos. No obstante, haciendo referencia al sentido literal, mírate, sigues aquí, aunque te hayan partido el corazón tantas veces. Si puedes contar esas ocasiones, verás las veces que has sobrevivido, y has podido seguir adelante. 

Si cuentas las veces que tu pecho te ha dolido, verás, de igual manera, las veces que lo has conseguido superar y seguir adelante. Aún con esa presión tan fuerte dentro de ti, y que a veces no te deja hacer nada. Has sido capaz de continuar.

 Las veces que pensabas que no volverías a abrir los ojos…son aún más importantes. Aquellas veces en que hubieses deseado no despertarte, que no hubiese un mañana para ti. ¿Por qué? Cuéntalas. Sabrás que en el fondo, no es eso lo que deseas, aunque creías que el momento no había otra salida y que era la mejor solución. Te importa seguir viviendo para rehacer lo que has perdido, recomponerte y seguir adelante en busca de algo mucho mejor que lo que tenías antes.

Tal vez si cuentas las veces que alguien te ha hecho daño, podrás observar que la gente en este mundo es hipócrita y egoísta. Y que no se puede confiar en quien dice portar la verdad.

Si cuentas las veces que creías que ya no sentías latido alguno, sabrás las cosas por las que lo habrás vuelto a sentir. 

Si cuentas las veces que te has enamorado, podrás ver las veces que has metido la pata, en las que creías que el amor verdadero era esa persona…pero que realmente no era. Pero que tu vida ha continuado, y has sido capaz de volver a encontrarlo. Cuenta las veces que has llorado por un amor, así te darás cuenta de que eres capaz de sentir amor por alguien que no lo siente por ti. Eres una persona capaz de darlo todo por alguien que no lo da por ti. No eres una persona tonta, solo demasiado benévola, ingénua quizás, pero de alguna manera, indudablemente, eres especial.

Cuenta las veces que has escrito poesía o prosa, ¿te das cuenta cómo sí eres capaz de hacerlo?
Cuenta las líneas que iban dedicadas a esa persona, ¿te das cuenta cómo eres capaz e extraer tus más profundos sentimientos y plasmarlos en papel? Cuenta las páginas que has roto, y verás las que te quedan por arrancar. Analiza el motivo y observarás que las rotas son las que te importaban de verdad.

Contar las hojas de papel que has mojado con tus lágrimas te servirá para ver dónde está aquello que más dolor te produce. Darse cuenta es siempre el primer paso para resolverlo. 

Tal vez si cuentas los segundos que pasan antes de que te decidas a decirle “hola”, tendrás una forma de medir cuánto te importa. Tal vez si te fijas en las veces has entrado en Facebook esperando un mensaje suyo te darás cuenta de cuánto le necesitas en tu día a día.

Contar los amores has tenido en tu vida es más difícil de lo que piensas, sin duda. No te digo que cuentes las relaciones que has tenido en tu vida, sino los amores. Alguien que te deja sin respiración, que es capaz de acelerarte el pulso, que es capaz de sacarte una sonrisa, que al abrazarte te da la vida, que un beso suyo cura todas tus penas, que al sonreírte te pone de buen humor, que te comprende por muy incomprensible que creas ser,… Cuenta las personas que hacían todo eso y más: verás cómo no son tantas.

Contar las personas que te han dicho “te quiero” en tu vida es más fácil, mas te recomendaría, que cuando alguien te diga eso le mires a los ojos. Los ojos no mienten, por mucho que algunas personas lo crean, ellos te dirán si es un “te quiero” de verdad. 

Y por último, contar a cuántas personas le has dicho tú “te quiero”. Pero con la condición que antes he propuesto: las personas a las que has amado. Has amado de verdad. Contando a estas personas te darás cuenta de que hay muy pocas personas que se puedan amar a lo largo de la vida. 

Yo soy realista, apenas sumo la veitena y pocos más. Pero soy observadora y me gusta escuchar. Así que, aunque prácticamente no haya vivido experiencias así…por suerte o por desgracia, me ha tocado escucharlas y he aprendido de ellas, además de aprender de las propias. 
He amado a una persona a lo largo de mi vida. Por muchas parejas que haya tenido sólo he amado a una. Quería a todas ellas, pero sólo he amado a una. Amar en lo que se refiere a compartir el alma con ella. Ser una única persona. Sentir que muero por dentro cuando se separa de mí. No compartir absolutamente nada físico con ella pero sentir que he hecho más el amor que con ninguna otra. No necesitar una lágrima para expresar la tristeza. Entenderla con la mirada. Necesitar verla y no tener suficiente nunca. Sentir algo…algo diferente a su lado: ni tristeza, ni alegría, ni euforia, ni pena, algo totalmente diferente y que se aproxima más a… ese sentimiento de paz y tranquilidad que tantos anhelan, pero que muy pocos consiguen. Pero ese algo se esfumó, aunque se transformó en algo que quizás dure mucho más tiempo como es la amistad y la confianza.

Ahora solo anhelo continuar mi camino, ser capaz de ello, saber hacerlo lo mejor posible...y en compañía de una persona que me haga feliz. . .

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