sábado, 16 de marzo de 2013

Cruciatus

Un sudor frío me recorre la espalda,
mi voz sigue entrecordada,
mi respiración sigue a un ritmo más lento de lo normal,
mis ojos me arden.

Ninguno de los dos ha querido rectificar:
yo por tozuda, por no saber expresarme cuando tocaba
tú por...llámalo venganza, por querer enseñarme ceder.

Pero esta noche,
la madrugada del día 17 de marzo,
hoy te necesitaba:
te necesitaba y no has estado.

Ya no sé cómo pedírtelo:
como un favor,
con un te quiero.
Nada funciona.

Ya no sé cómo te veré mañana,
pues esta noche me ha marcado mucho.

Me atrajiste desde la primera vez que te vi,
me enamoraste desde nuestra primera conversación;
te quiste desde que fui capaz de arrancarte una sonrisa,
te amé...

¿En qué acabará esto?
¿Quién cederá?
¿Sólo por que no quiero ir contigo?
¿Por qué no quieres venir conmigo?

No sé qué sentir.
Estoy rota en tantos pedazos,
que es casi imposible el consuelo.

No pareces entenderme.
No pareces ver lo mucho que te necesito aquí.
No parece que oigas mis llantos.
No parece que entiendas como me siento.
No pareces escuchar mis súplicas.

¿No podrías hacer un sacrificio?
¿No serías capaz de asentir...una vez más por mí?

No soy de tal cobaría,
no me quitaría la vida.
Pero si lo fuera, ten por seguro,
que esta noche no podría pasarla.

Tengo mucho miedo.
De todo y de nada.

Y aún así... sigo esperando a que aparezcas delante de mi puerta...
Y me pongo en el ordenador esa canción de extremo que me dedicaste una vez.

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